PEDRO ANDRADES

Literalmente es así. El arqueólogo (y otras cosas) Juan Ignacio Marín Gómez cambió la Historia de Setenil. Fue el pionero de la investigación en un pueblo que miraba con desconfianza y cierta incredulidad a aquel joven setenileño que andaba removiendo la tierra en un sitio en el que estaba previsto el necesario aparcamiento del pueblo. La historia de Setenil yacía enterrada en las laderas de Las Calcetas. Aquel muchacho curioso que miraba las estrellas en Ronda la Vieja y leía el pasado en pedruscos y escombros descubrió que éramos más viejos de lo que pensamos y aventuró por qué nuestro pueblo se llama como se llama.

La investigación arqueológica en Las Calcetas cambió la Historia de Setenil. Foto cedida por Juan Ignacio Marín
La investigación arqueológica en Las Calcetas cambió la Historia de Setenil. Foto cedida por Juan Ignacio Marín

 

Acinipo, con Setenil al fondo. Un cruce en la antigua calzada romana entre Acinipo y Arunda dista "ad septem milia" del núcleo sobre el que nace Setenil. Foto: P.A.
Acinipo, con Setenil al fondo. Un cruce en la antigua calzada romana entre Acinipo y Arunda dista «ad septem milia» del núcleo sobre el que nace Setenil. Foto: P.A.

Marín estuvo en la campaña arqueológica de 1988 en el yacimiento de Acinipo bajo la dirección del reputado Pedro Aguayo de Hoyos, y fue el encargado de hacer en 1996 la primera valoración de la ingente cantidad de depósitos arqueológicos que aparecieron tras el desbroce en Las Calcetas. De ahí surgió el aviso para los posteriores y definitivos trabajos con Luis Javier Guerrero Misa, que sentaron las bases históricas de nuestro pueblo, más allá del hito de la conquista de los Reyes Católicos en 1484 en la batalla por el Reino de Granada. Estas investigaciones acreditaron que hubo pobladores por aquí hace al menos 5.000 años (finales del Neolítico), que Setenil constituye un caso singular de pervivencia del hábitat en cuevas desde la Prehistoria hasta nuestros días, y que hubo un núcleo urbano romano (o tardorromano) del que nace el actual Setenil.

Este tosquizo campechano y erudito aclara que a partir de esta afirmación no podemos imaginar una aldea con empalizadas y guerreros tipo Conan, ni podemos pensar en la fundación de Setenil como tal en la Prehistoria. Pero sí que hubo muchos pobladores que aprovecharon el abrigo natural de la roca y que andaban por aquí hasta que en el siglo III o IV después de Cristo aquella mansio o venta se convirtió en un pequeño núcleo urbano agroganadero por el abandono y decadencia de la romana Acinipo. De ese origen romano parte su aproximación a la etimología de Setenil, un nombre que aparece acreditado por primera vez en el siglo XIII (antes, por tanto, del asedio cristiano) y al que se le añadió el apellido «De las Bodegas» a finales del siglo XIX.

En abril de 2011, lanzó en el blog «Ad septem milia» su elaborada teoría sobre el origen del nombre del pueblo, en la que desechaba con una brillantez digna de mayor difusión algunos tópicos infundados sobre el “Septem nihil” con el que nos hemos criado varias generaciones de setenileños, y otras etimologías como Xal Denil, Yete, Tebensis, Lacippo… Marín lo explica así: «Ad septem milia es lo que diría un paisano de hace dos mil años a cualquier viajero que cerca del cruce de Arunda y Acinipo quisiera ir hacia la zona de Urso. Ad septem milia desde esa primera encrucijada, hay una aldea, un pequeño núcleo poblacional que no tiene aún nombre (…) Ad Septem milia… Septem milia… Septem mil… Settenil… Setenil”.

Este apasionado detective de nuestro pasado concluye que estamos ante la hipótesis más probable del origen del nombre de Setenil, pero que él mismo enfrenta con otra línea de investigación que le lleva a Murcia. Allí hay un conocido paraje que se llama «Fuente de Setenil», en Molina de Segura, donde, por cierto, se convoca cada año el más conocido concurso de cuentos en España bajo el nombre de… “Premio Setenil de Relato”. Esa misma pista le conduce hasta una calle Setenil en Salamanca (ahora le han cambiado ese nombre, ¿por qué no pedimos su restauración?) referenciada ya en 1.380, otra calle Setenil en Mission Viejo (California) y hasta el discurso de ingreso en la Real Academia Española de Arturo Pérez Reverte, donde cita una carta de juego, «el siete de matantes, o de espadas, que en germanía se conoce como setenil, ronda o cueva del becerro»… Todo esto lo detalla con rigor y precisión en sus imprescindibles artículos de «Ad Septem Milia».

 

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